Sanación y viaje al infinito con Astrea
- Stephesses
- 24 jul 2021
- 3 Min. de lectura
Mérida, Yucatán, Febrero 2107
Era una mañana calurosa en Mérida. Llegue a Astrea por una recomendación sin saber que esperar, sólo sabía que ella era sanadora, holandesa y que trabajaba los registros akashicos.
Llegue a su espacio medio nerviosa y expectante, cuando entré me recibió una mujer alta y muy amable. Era un cuarto pequeño y blanco, jamás hubiera imaginado que ese espacio se podría convertir en el universo entero. Espacio y tiempo suspendidos.
Me senté y me pregunto qué es lo que me trajo a ella, qué es lo que quería trabajar. Le respondí con sinceridad que por primera vez en mucho tiempo no tenía un tema específico, sentía que mi vida iba fluyendo y que lo que tenía que hacer era mantenerme en el flujo. Estaba en un momento de cambios, pero comenzaba a ver y sentir la dirección de mi vida. Fui porque tenía la simple curiosidad de conocerla.
Nos sentamos en dos sillas, viéndonos de frente, me puso esencias que olían a hierbas en algunas articulaciones y cerramos los ojos para empezar la meditación. Respiramos.
Lo primero que vio fue una serpiente que cambia de piel. Y poco a poco más imágenes fueron llegando. Vio que mi encuentro en esta vida con la tierra había sido sumamente especial, que yo estaba absolutamente enamorada de la naturaleza, que era casi como un reencuentro con un amante al que por muchos siglos le perdí la pista, y aquí estaba hoy abrazándola de nuevo con un amor, una alegría y una sensualidad avasallante.
Todo lo que ella me decía, lo reconocía yo con el corazón, pocas personas me habían visto con tanta claridad. De pronto llegaron las ballenas, sí las ballenas, yo también las vi, venían con nosotros a hacerse presentes y a unir esfuerzos, a hablarme con sabiduría sobre el amor que ellas sentían, sobre su increíble ser, sobre como gozaban este planeta y su existencia, y como, aunque sufrían por la contaminación de los mares, no dejaban nunca de sonreír y de amar incondicionalmente.
Sentía yo su increíble presencia, nos llevaron, a Astrea y a mí, a sus rincones secretos, lugares oscuros y profundos dentro del mar. Yo sentía que mientras más profundo estábamos, más nos sentíamos en un planeta redondo girando en el universo, en relación con las estrellas y con todo lo que hay. Era impresionante y muy conmovedor.
Astrea y yo íbamos narrando lo que veíamos y poco después de varias cosas coincidíamos que vivíamos y veíamos lo mismo.
De ahí me vi sentada en medio de la naturaleza, como en un asiento de madera selvático, me vi rodeado de muchos animales recibiendo una iniciación en los misterios y en la profundidad de la naturaleza. La ceremonia era muy seria y feliz a la vez. Se sentía sumamente importante y profunda. Mi corazón estaba alegre, despierto y conmovido, sentía fuerza y valentía en todo mi ser. Mi ropa era de pieles, el lado izquierdo de mi rostro lo ocupaba un búho, todo alrededor estaba rodeado de árboles y flores selváticas, volaban aves, se acercaban venados, tortugas, serpientes, leones e infinidad de animales más. Algunos colibríes cruzaban muy cerca de mí y se paraban en mis hombros. Todo me llenaba de fuerza y conmoción, pero ante todo me invadía un amor profundo. De mi pelo caía una trenza negra con canas blancas, hermosa, Astrea mi dijo que eran mis ancestros y las mujeres que he sido en otras vidas, la trenza era tan larga que cuando llegaba al suelo se convertía en una raíz más de la tierra y me daba firmeza y estabilidad. Las ballenas no dejaban de rodearnos, de cantar, de celebrar la vida. Fue hermoso.
Así estuvimos un rato. Astrea me explico que este era un ritual en donde se validaba y afirmaba la misión de mi vida: hablar y trabajar la tierra, contactar con la profundidad de la naturaleza y crecer en amor. Solita la vida me iba a llevar a desarrollar las habilidades y a encontrar las maneras precisas para dedicarme a eso en todos los ámbitos de mi vida.
Fue el amor y la sabiduría de Astrea lo que me llevo al encuentro más genial y más amoroso con el ser mismo de esta vida, con los maestros, con los guías, con el mundo espiritual, con todo. Fue de los mejores momentos de mi vida.
No tengo palabras para agradecer esa hora y media, esa experiencia, ese regalo desde las profundidades para contactar el misterio y entender mi vida con otro nivel de espiritualidad y trascendencia. Gracias infinitas a Astrea por abrir esos portales a esos otros mundos infinitos que nos están esperando para que reconozcamos nuestra verdadera naturaleza y vivamos una vida mucho más plena y feliz.






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