El Tai Chi como experiencia
- Stephesses
- 20 jul 2021
- 11 Min. de lectura
A mi Xifu con todo el respeto, admiración y amor del mundo.
El Tai Chi es una experiencia, no hay nada que pueda explicar de una manera clara lo que esta practica es; hay que sentirlo. Ésta es una práctica, un encuentro una y otra vez con el Chi, con el poder del universo, con la energía, con la respiración, con el cuerpo, con el movimiento, con los otros, contigo mismo, con la impermanencia, con el ritmo… Es una forma de experimentar la vida y la vida que llevamos dentro. Es encontrar el centro en nuestro cuerpo, es sentir la tierra, el cielo, los cuatro puntos cardinales y a tu ser en medio de todo. Es entonar tu energía con la energía del mundo, e incluso, a veces, ir más allá. Es darte cuenta que el mundo es energía, energía que se mueve y que crea todas las cosas. Es saber que si movemos nuestro cuerpo con delicadeza, imitando los movimientos del mundo, siguiendo nuestra propia naturaleza podemos sentir esta energía: la energía que todos somos, la energía de todo lo que hay.
Yo empecé a practicar Tai Chi cuando cumplí 18 años. Todavía me acuerdo de la primera vez que experimente el Chi, esa fuerza magnética que puedes sentir en las palmas de tus manos, de esa energía que se siente como calor y como un misterio. Todavía me acuerdo de la sorpresa y el asombro que sentí y como desde entonces he estado enamorada del Tai Chi. Sin embargo, al principio el Tai Chi era sólo una actividad relajante para mi, pero mientras pasaba el tiempo mi practica se convirtió en algo más, y sin darme cuenta, esta práctica y mi maestro, me fueron revelando una nueva visión, una nueva manera de observar e interactuar con el mundo. Con el tiempo el Tai Chi se convirtió en una fuente invaluable de poderosas intuiciones.
El Tai Chi y el Tao
El Tai Chi surge del pensamiento y la cultura China. Para los antiguos chinos todo lo que existe es una gran unidad; observando el mundo llegaron a la conclusión de que para ellos “no hay una dependencia ni una independencia en el universo, sino sólo interdependencia. El universo es una enorme tejido en el cual cada estrella, cada creatura, cada roca y cada gota de agua es un hilo esencial que ayuda a mantener los otros hilos en conexión. Esta Unidad de todo lo que existe es llamada el Tao. El Tao es algo complejo y misterioso, no puede ser comprendido por las palabras ni explicado por conceptos. Siempre esta en constante movimiento mientras se mantiene igual. Es el Camino que siguen las cosas, es la naturaleza, la armonía y la Unidad.
Los chinos creían que para vivir en armonía consigo mismos y con su entorno debía seguir los principios del Tao, y al observar el movimiento de la naturaleza vieron que el “Tao es un flujo continuo de un movimiento sin fin,” y que este movimiento podía ser entendido por una transición dinámica de dos fuerzas opuestas y complementarias: Yin y Yang. Yin, la energía femenina, receptiva y pasiva. Yang, la energía masculina, activa y efectiva. Y que estas dos energías, siempre en constante movimiento, crean y equilibran todo lo que existe.
Los chinos entendieron que para vivir bajo los principios del Tao tenían que asumir la totalidad y por ello necesitaban moverse como una unidad, balancear su cuerpo entre estas dos energías y moverse con un ritmo fluido y tranquilo; imitando al Tao. El Tai Chi así, nace con la idea de entonarnos con el cosmos en su unidad, surge con la idea de encontrar esa forma de ser con la cual puedes participar en el danza natural del cosmos sin interferir, encontrando tu propio lugar dentro de este magnifico movimiento universal.
El Tai Chi es una practica en la cual te mueves de una manera única y peculiar: vas del Yin al Yang. Del vació a lo lleno, y mientras respiras naturalmente dejas tu mente presente en todo lo que estas haciendo, así vas moviendo lentamente tu cuerpo, fluyendo y haciendo las formas típicas del Tai Chi.
Comienzas en la quietud y después dejas ir tu cuerpo hacia la acción, pero no a una acción que te va a sacar de ese lugar de quietud y paz, sino una acción que te lleva a sentirte más en contacto con quien verdaderamente eres, que te lleva a moverte de una manera balanceada y rítmica. Con el Tai Chi asumes un movimiento que siempre te lleva al mismo lugar donde empezaste, a un lugar que ésta dentro de ti. Entonces, el Tai Chi es ante todo una experiencia, es una nueva e intrigante forma de percibir tu cuerpo, tu mente y tu espíritu.
La experiencia de tener un Centro
Antes de practicar Tai Chi cuando pensaba en mi o cuando alguien se refería a mi, el primer lugar donde yo me ubicaba era en mi cabeza. Si alguien me hubiera preguntado donde se ubicaba mi centro, definitivamente yo hubiera respondido que en mi cabeza, pero después un de tiempo de practicar Tai Chi y de enfocarme en mi Tan Tien comencé a sentir mi cuerpo de una manera distinta. Empecé a moverme desde el centro de mi ser. Mi cuerpo comenzó a moverse como una unidad en vez de ser una persona de múltiples partes inconexas. Cuando eso sucedió, tuve la experiencia de lo que es tener un centro, y no sólo durante la practica de Tai Chi, sino en todas mis actividades diarias.
La experiencia de vivir desde tu centro, de encontrar tu Tan Tien puede ayudarte a encontrar una mayor flexibilidad para moverte cuando te envuelve el caos de la vida, te ayuda a siempre sentirte en ti mismo y a no perderte como un ser inestable que se pierde con cada transición que la vida pone en su camino. Mientras practicas Tai Chi, puedes sentir la coherencia que tus movimientos tiene con respecto a toda tu postura, no hay ningún movimiento que no se integre con el resto de tu cuerpo, y eso no implica que tu atención se encuentra sólo ahí, sino que a la par te estas moviendo con una fluidez constante, estas: cediendo, empujando, interactuando, encontrando el mejor momento para moverte; estás conciente y en paz, sabes que cada movimiento que realizas viene desde el mismo centro, ese centro que cada uno tiene detrás de su ombligo.
Y lo mismo puede pasar en la vida: pues una vez que conoces tu centro, tu verdadero lugar, entonces dejas de tomar decisiones en tu vida por la prisa del momento o por impulso, sino que ahora lo haces desde la conciencia. Sabes que puedes parar y encontrar el tiempo oportuno y que puedes manejar cualquier situación pues tu ya sabes cuál es tu centro, sabes siempre donde estas, y desde ahí puedes tener más claridad de que es lo que realmente te conviene. Esta experiencia puede traerte una mayor libertad y confianza, pues es ir por la vida sabiendo que no te puedes perder, porque tu centro te pertenece y siempre esta en el mismo lugar: dentro de ti.
La experiencia de no esperar nada o de actuar desinteresadamente.
Vivimos en una sociedad para la cual el tiempo es sumamente valioso. Siempre tenemos que estar haciendo algo, yendo a algún lugar o pensando en otra cosa, no estamos acostumbrados a no esperar nada a cambio de lo que hacemos o de actuar simplemente con el propósito de ser lo que somos y sentimos en ese momento. Siempre estamos preocupados con el beneficio o con las razones que justifican nuestras acciones, y esa es la manera como vivimos nuestra vida. Vivimos atados a una estructura que nos persigue recordándonos todo el tiempo que debemos tener siempre una razón que justifique nuestra acciones y que nuestras acciones deben tratar de ser en pos de la productividad o buscando el reconocimiento y la valía de lo que hacemos en el exterior.
El Tai Chi funciona desde una lógica completamente distinta: el Tai Chi no tiene niveles ni grados que tienes que alcanzar; en él no hay rangos ni exámenes que tienes que pasar y que califican tu práctica. Ni tampoco existe ningún tipo de reconocimiento externo que evalúe lo que estás haciendo ni cómo lo estás haciendo; el Tai Chi es una practica en donde hay que dejar ir todas esas categorías, donde hay que olvidar el juicio sobre lo bueno y malo, sobre lo correcto y la incorrecto; todas esas determinaciones que limitan nuestra vida y nuestra experiencia.
Esta práctica tiene el objetivo que veas las cosas como realmente son, quiere que te sientas como realmente eres, sin juicio alguno sobre ti o el mundo. Incluso se podría decir que no has entendido lo que es el Tai Chi si lo que quieres es probar que tan rápido aprendes una forma, o que tan bello te mueves; el Tai Chi trasciende esas categorías, pero si tu te quedas en ellas puede ser que lo que hagas cuando practiques sea algo de ejercicio, pero has perdido de vista la verdadera intención del Tai Chi.
El Tai Chi es encontrar la manera de moverte sin esfuerzo y sin tensión, es aprender a recibir: a No Hacer. No se basa ni en la fuerza, ni la rigidez, sino que se centra en el coraje de la paciencia, en la suavidad y por ello en la confianza. Y es mediante la confianza y la entrega absoluta al aquí y al ahora que puedes dejar el hábito de pensar que tienes que realizar todo mediante el esfuerzo y el sacrificio. Asumir la practica de Tai Chi es aceptar que tu cuerpo se puede entregar a los movimientos de la naturaleza y que estas exactamente donde deberías estar en este momento, como dice John Lash:
“Wu Wei (la posición inicial del Tai Chi) significa ser sin propósito, actuar espontáneamente. Y actuar espontáneamente es la única manera con lo cual el alumno se puede volver uno con el universo. El universo, el Tao simplemente se mueve, sigue su propia naturaleza según sus propios principios. Fluye de manera natural, sin propósito, sin ninguna meta. Y como el Tai Chi imita al Tao, el Tai Chi tampoco tiene una meta. El Tai Chi sólo es Tai Chi cuando el alumno lo hace sin propósito alguno.”
El Tai Chi te invita a que abandones tus ideas, tus juicios y tus metas, y a que te permitas tener una practica e incluso, si así lo deseas, una vida donde dejes de justificar y defender tu existencia, pues esta práctica te ayuda a reconocer que ser quien eres es suficiente y que no necesitas probarle nada a nadie.
La experiencia del mundo
La mayoría de las personas que vivimos en una cultura urbana hemos olvidado sentir nuestra conexión con lo que nos rodea, caminamos y muchas veces ni siquiera ponemos atención de lo que hay a nuestro alrededor, generalmente estamos pensando en el pasado o en el futuro, y nos olvidamos de ver y estar en el presente. En las practicas de Tai Chi siempre estamos trayendo lo que nos rodea a nuestra conciencia. Como parte de esta disciplina se utilizan varias visualizaciones y el uso de ciertas imágenes que te ayudan a enfocar mejor tu atención, a conectarte y a estar aún más conciente de tu posición en el tiempo y en el espacio; en otras palabras de tu estar en el mundo.
Las imágenes más comunes que se utilizan en el Tai Chi son: primero, sentir tus pies en el piso e imaginar como su tuvieras una grandes raíces que salen desde tu Tan Tien, bajan por tus piernas y salen por las plantas de tus pies hasta el centro de la tierra. Después te imaginas como si desde tu coronilla tuvieras un hilo que te conecta con una estrella y que esta te empuja hacia el cielo. Al hacer estas simples conexiones, comienzas a tener no sólo un mayor beneficio en tu práctica, sino que también tienes la oportunidad de recordar dónde estas y cómo es el mundo que habitas. Pues incluso a veces, estamos tan desconectados que podemos llegar a olvidar el suelo que pisamos o el aire que respiramos, y al practicar Tai Chi, tenemos la posibilidad de volvernos a conectar, de acordarnos de la básico, de las cosas más simples y básicas de nuestra relación con el mundo.
En mis clases de Tai Chi mi maestro siempre nos recordaba la estación del año en la que estábamos, que emociones y órganos están más activos en ese momento e incluso nos dejaba saber que fruta de la temporada nos permitía entonarnos a esa estación. En esas breves introducciones y conclusiones en nuestras prácticas de Tai Chi, dichas en un tono casual y espontáneo, en realidad, mi maestro nos hacía sentir parte de algo mucho más grande, nos hacía sentir parte de un mundo que no sólo cambia su clima, sino que también cambia su energía y con ello su fruta…¡Y que hermoso es darse cuenta que la fruta que crece en cada temporada es la fruta que más te ayuda para estar sano y saludable!
Esos simples recordatorios de lo que sucede en el mundo agrandan nuestra visión del mundo y ayudan a que profundicemos en nuestra práctica, porque nos permite entender que somos parte de algo mucho más grande, algo que tiene sus ritmos y sus ciclos y que nosotros podemos sincronizar nuestra energía con estos movimientos del mundo al estar conciente de ellos y poner nuestra atención y nuestra intención en ellos, tanto dentro como fuera de nuestra práctica de Tai Chi.
Hacer Tai Chi y encontrar todas estas conexiones me revelaron el mundo e hicieron que este se me presentara todos los días como algo más real y más presente y con ello comencé a desarrollar una relación cada vez más íntima con él.
La experiencia del Chi
Cuando practicas Tai Chi tienes la experiencia de sentir y percibir una cosa maravillosa llamada Chi. El Chi es entendido como “esta fuerza invisible… que sostiene todo lo que existe en el mundo que conocemos” y como “una fuerza mística, esencial y muy poderosa” de la cual todo esta hecho. El Chi ha sido identificado regularmente como energía.
En la cultura China, especialmente en el ámbito de la medicina, los chinos tenían la idea de que en nuestro cuerpo tenemos ciertos canales por los cuales la energía fluye y trabaja para que nosotros nos mantengamos en equilibrio, sanos y vivos. Pero estos canales, también denominados como meridianos, frecuentemente se bloquean y el Chi deja de fluir adecuadamente, teniendo como consecuencia que nos sintamos cansados o enfermos. En otras palabras, cuando el Chi no fluye de una manera adecuada no nos sentimos bien. Pero cuando practicas Tai Chi y enfocas tu atención en los movimientos, también abres y trabajas en estos canales de Chi, permites que la energía fluya de una manera adecuada y con ello limpias tu energía interna y también cultivas tu Chi interno. Esto significa que en realidad podemos generar más Chi y que este cultivo de nuestra propia energía trae salud, paz y bienestar en nuestra persona.
En realidad lo que estoy diciendo es que si prácticas Tai Chi puedes experimentar esa energía sutil de la que todo esta hecho y que infunde la vida en lo que nos rodea, y no solo eso sino, que puedes fortalecer y cultivar aún más esa energía dentro de ti, y esa puede ser una experiencia que revele tu propio poder de sanación y fortaleza.
La experiencia del amor
Una vez que has encontrado tu centro, que has dejado fuera todas tus expectativas y que te has enfocado y concentrado en el presente, cuando has encontrado el maravilloso mundo que te rodea y tu conexión con él, cuando has abierto tu conciencia a experimentar el Chi que pasa por tu cuerpo, el mismo Chi que nos conecta con todo lo que existe, entonces puedes comenzar a experimentar que la práctica del Tai Chi es una meditación del amor, del verdadero amor incondicional. Un amor que es relajado y compasivo. Un amor que esta presente y que tiene raíces, pero que no por ello frena su movimiento y su flujo. Un amor que es auténtico y que viene de la profundidad de tu ser, de quien eres y de cómo te mueves en realidad. Un amor que es una práctica diaria de encontrar la manera de entrar en relación con el universo y con lo que es verdaderamente importante.
El Tai Chi es ese tipo de amor que sube por la tierra y te penetra por la planta de los pies. Es el amor que desciende de los cielos al centro de tu coronilla. Es un amor que llena y mueve cada parte de tu cuerpo de una manera profunda. Es el Ying y el Yang; es una sonrisa que sale desde tu Tan Tien. Es el reconocimiento y el entusiasmo de conocer y reconocer el valor del Chi. De saber que hay algo mágico, especial y absolutamente enriquecedor de tener un cuerpo y poder trabajar en él la energía del universo.
El Tai Chi es en conclusión: la mejor experiencia que se puede tener de estar en este mundo.






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